20.11.2014

A cielo abierto

A Cielo Abierto es el último documental de Mariana Otero. Se estrena en Francia en 2013 y llega a nuestros cines en Octubre de 2014. El visionado del documental no deja indiferente, remueve conciencias y resuena en lo más íntimo de uno.  La crítica lo eleva a los cielos de culto y anima a que se vaya a las salas de cine. 

Es un acontecimiento para quién hace el documental, para sus protagonistas, para los que van a verla, para los que se dedican a trabajar en este tipo de instituciones y para los que practican el Psicoanálisis. ¿Qué hace que este documental haya tenido esta tan buena acogida?

Vayamos al Centro Educativo Le Courtil donde transcurre la trama. Niños y jóvenes “especiales” conviven en esta Institución, orientada por el Psicoanálisis. El principio es claro: acoger la particularidad de cada uno de ellos en tanto sujetos.  Son niños  que entran en la vida con un insoportable sufrimiento psíquico y el espacio Le Courtil  busca crear las condiciones adecuadas para que la contingencia, la sorpresa vaya tejiendo, anudando invenciones sintomáticas que produzcan soluciones, maneras más soportables de convivir con lo insoportable.

No hay protocolos, no hay standarización, la lógica que les orienta es el caso por caso. Lo que hay, lo que sucede en Le Courtil no es producto de una cura analítica sino de un uso práctico del Psicoanálisis. A través de los talleres, que marcan el ritmo de la cotidianidad del centro, los participantes –educadores y responsables- sostienen las invenciones de los niños y jóvenes. Se juega y se inventa sin programas previos standarizados. En lo cotidiano se busca que la vida para los niños sea agradable incluyendo, cuando es posible, que los niños y jóvenes sigan el regimen escolar ordinario o uno personalizado.

Mariana Otero, en el documental, se hace presente como mujer-cámara. Se la pega al cuerpo con un arnés, a la altura de lo que quiere filmar. Con ella va todo el ensamblaje, cámara y sonido, para hacer la película, lo que hace que la mirada sea tan real, tan próxima a lo que ocurre en la cotidianeidad de la institución.  La cámara y ella están en el mismo campo, en la escena. Mariana pasa a ser una observadora-observada, los niños la incluyen en lo que está pasando allí y la aceptan también olvidándose de ella por lo familiar que les resulta su estar-ahí. Antes de los tres meses de rodaje, Mariana pasó varios meses en la Institución, queriendo saber, tratando de encontrar respuestas a sus preguntas sobre la locura y lo que encontró fue un lugar con una forma de organizarse única en su género.  Los que sufren de un gran malestar psíquico no son vistos como  “discapacitados”, como personas con déficit intelectual, sino como sujetos con una estructura singular a la que se debe sostener para que se produzca un sujeto.

Helena Valldeperes

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