10.02.2018

Binomio Abandono - Vigilancia 7/9

La ruptura entre la investigación y la clínica, el monopolio de la estadística aplicada a la salud mental, la medicalización del malestar psíquico lleva a que se abandone al paciente, a que sea más importante la gestión de la salud mental que el tratamiento individual de una persona determinada. Y, tal como señala Laurent en su árticulo « La crisis post-DSM y el psicoanálisis », este abandono se compensa con una hiper-vigilancia a la población a través de las burocracias sanitarias.

Lo que se enumera, existe y, por este motivo, puede ser gestionado y cuantificado. El DSM ha sido no solo un instrumento que ha permitido clasificar los desórdenes mentales sino también ha influido en otros campos como el de la justicia y los seguros médicos.

El límite, que lleva a Frances escribir su libro « somos todos enfermos mentales » en 2014, se encuentra en las burbujas inflacionistas de la enfermedad. ¿Estamos todos locos ? ¿Cómo separar lo que es normal y lo patológico ? Frances con su libro denuncia la medicalización excesiva a una población que, de acuerdo a otros criterios diferentes a los del DSM, incluso podría ser « normal ».

Ubicar donde esta lo normal y lo que no modifica los criterios del DSM y, ante estas revisiones, los que son clasificados bajo estos criterios también dicen la suya. ¿Por qué no ser considerado un hiperactivo entre los 35 y 45 años para así poder consumir anfetaminas ? ¿Por qué no ser diagnosticado como un Asperger para acceder a un programa de educación especial ?

La clínica basada en la descripción se ha invalidado por la Ciencia que busca respuestas en el continuum de los procesos orgánicos con la esperanza que la investigación sobre las demencias permita hallar una traducción clínica observable. Mientras tanto el sujeto se pierde en los denominados « trastornos de personalidad » en las actualizaciones revisadas por los DSM, que agrupan síntomas y personalidades. El DSM 5 retrocede, en todo caso, ante estas actualizaciones dejándolas en un anexo y substituyéndola por una ciencia basada en la evidencia de los signos orgánicos observables.  No hay límites, hay continuun entonces de la enfermedad mental. Los límites de lo normal y lo patológico se difuminan, se diluyen en unas identificaciones fluidas donde el sín límite –nada es imposible-  da cuenta de la superyoización del mundo. 

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