09.12.2019

Lo que el psicoanálisis está haciendo hoy con el autismo.

El tratamiento del autismo, desde el psicoanálisis, parte de la vivencia amenazante/ invasor que el autista tiene en relación al otro. Así, no es desde la consideración de que es un sujeto desadaptado que debemos normalizar en su conducta, vía unos aprendizajes impuestos, sino de un camino que el sujeto autista se abrirá en un contexto propicio, en un contexto que acogerá los intereses que él esboce, por extraños o  insignificantes que puedan parecer a ojos de un currículum estándar.

En el abordaje del trabajo con sujetos autistas, el psicoanálisis lacaniano se plantea, para cada caso particular:

  • ¿Cómo acercarse como terapeuta, educador o maestro: con un juego, una canción, en silencio..?
  • ¿Qué marco institucional sería más adecuado: con horarios para todos, con espacios temáticos, que límites normativos…?
  • ¿Con qué otro consiente un mínimo de relación: con un otro que está jugando con otros, con un otro de voz suave, o que le da la mano, o que se divierte?
  • ¿Qué rasgo del otro lo perturba o no puede sostener: el ruido, el desorden, que haya objetos dentro de una caja, que le quiten un juguete, que no le permitan entrar con sombrero…?
  • ¿Qué elaboración hace de las coordenadas espaciales y temporales? ¿Hace recorridos, ocupa siempre el mismo recuadro, entra y sale de espacios donde otros están jugando…?, ¿Consiente el final de la actividad, la pausa del almuerzo, la entrada o salida de la sala de otro, experimenta con las alturas…?

Hablaremos aquí de una práctica institucional concreta: los talleres de juego organizados por TEADIR, una asociación de padres y madres de sujetos con diagnóstico TEA. Se trata de un trabajo que parte de la práctica, de la experiencia, y no de supuestos ideales globalizantes. A partir de las reuniones de un equipo plural, donde no hay una sola persona de referencia para el niño sino un marco donde los diferentes intervinientes actúan en consecuencia a cómo el niño está en el taller, se hace un seguimiento de cada caso: qué esbozos de interacción,  qué lo perturba,  qué parece interesarle, qué acercamiento del otro consiente… esto respecto al niño; pero respecto al adulto,  se trabaja si hay algo que angustia a algún miembro del equipo, se plantea en que línea estar más atentos, qué traen los padres, que intervenciones hacer con los padres…

Los miembros del equipo estarán a atentos a la particularidad de cada niño:

Un niño consentirá la voz del otro a través de una canción, otro será de la mano como podrá entrar en el juego, otro traerá él un objeto y habrá que esperar si se interesará por más objetos, por incluirlo en alguna dinámica que se esté produciendo en el taller, etc.

Las posibilidades de cómo el niño entra a relacionarse con el otro no están predeterminadas son particulares de cada sujeto y evolucionan también de forma particular.

La función de los adultos que llevan a cabo los talleres es estar atentos para poder adaptarse a los descubrimientos, a los modos de relación que el niño consiente o propone. De lo que se trata es de amoldar la institución para crear un contexto de posibilidad de vínculo.

Poco a poco, el juego podrá complejizarse, el abanico de palabras usadas ampliándose… un camino lento, pero que apuesta por el respeto a la individualidad, a los tiempos de cada niño; que presupone un sujeto capaz de hacer emerger un deseo particular que lo sostenga y le facilite el vínculo social.

Cristina Andrés

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