08.02.2021

SC_Sexuación y género neutro

Más allá de las narrativas que explican las diferencias biológicas entre sexos y del sentido de los mitos que cada cual reproduce en su imaginario particular, hay una lógica que ordena la sexuación; la lógica a la que J.Lacan recurrió en varias ocasiones para no convertir sus teorizaciones en verdades absolutas. Con la lógica buscaba los principios generales de los fenómenos que estudiaba, poniendo de relieve las ideas en una sucesión coherente y acentuando lo imposible que emergía en las contradicciones que la lógica revela. Resigamos el pensamiento Lacan. 

Empecemos por definir la sexuación, el sexo y el género para llegar, como hizo J.Lacan, a las fórmulas que aisló en su seminario XX.

El sexo remite a las características biológicas y fisiológicas que definen al macho y hembra.

El género es lo socialmente construido, lo que se espera de un hombre y una mujer en una cultura determinada.

 

Freud en su articulo de 1925 “Algunas consecuencias psíquicas de las diferencias anatómicas de los sexos” dilucida la no correspondencia y la no complementariedad entre los sexos. Para Freud, el órgano masculino biológico sería la causa de esta falta de correspondencia, lo que hace creer que es el órgano masculino lo que estructura el sujeto. Lacan torsiona el pensamiento freudiano postulando que no es el órgano sino el lenguaje lo que estructura al cuerpo. Lo que ocurre antes del advenimiento del lenguaje se olvida y va a ser lo que acontece en la historia particular de cada uno en su encuentro con el lenguaje lo estructurante. El sexo se recubre y se tapa con el género siendo los valores masculino/femenino los que estructuren, independientemente de la anatomía de los cuerpos.  

Lo que hay en juego en la sexuación no es sencillo. Lacan en el seminario XX (1971-1972) se dedica a discernir la diferencia sexual siguiendo la lógica aristotélica. En su libro, “Sobre la interpretación”, Aristóteles explora las relaciones entre los tipos de proposiciones.  

Una proposición categórica es una frase que afirma o niega algo. No todo lo que se dice afirma o niega algo, por lo que no sería una proposición aunque estuviera diciendo algo porque ni afirmaría ni negaría.

Las proposiciones categóricas establecen relaciones de inclusión y exclusión entre clases, en todo o en parte.   Hay cuatros formas de proposiciones categóricas:

Universal afirmativa: Todo S es P.

Universal negativa: Ningún S es P.

Particular afirmativa: Algunos (al menos uno) S son P.

Particular negativa: Algunos (al menos uno) S no son P.

Las proposiciones contradictorias (las diagonales del cuadrado) no pueden ser ambas verdaderas ni ambas falsas. En las fórmulas de sexuación lacanianas el acento se pone en la relación que tienen los particulares (los vértices inferiores del cuadrado) con sus respectivos universales (los vértices superiores). Para Aristoteles, si todos los hombres son mortales, es verdadero que algún hombre sea mortal. Es una forma de interpretar la relación entre lo particular y universal como una tautología, pues cualquier partición de lo universal será verdadera.

El lenguaje, sin embargo, establece otro vínculo que es el del EXCLUIR que en ese todos haya también algunos. En vez de ello, en ese todo hay la excepción, hay el no-todos-son. Si decimos algunos hombres no tienen falo no es para indicar que todos no tienen falo sino que no todos lo tienen. Esto es lo que Jacques Brunschwig llamó la “particular máxima”. Esta fue una variante lógica que Aristóteles rechazó pero que a Lacan le sirvió para fundar la lógica del no-todo.

Llegado a este punto, ¿Qué implica cuestionar el género?. Implicaría, de entrada, no querer ubicarse en la relación horizontal del cuadrado lógico aristotélico que acentúa lo contrario sino situarse en la relación diagonal que pone acento en las contradicciones entre lo universal y lo particular.

Ahora bien, el lenguaje es universal, de modo que todo ser hablante es él o ella. Es el principio del funcionamiento del género, que hoy se cuestiona e interpela desde diversos ámbitos. Butler, en 2009, dice: “La resignificación del lenguaje requiere abrir nuevos contextos, hablando de maneras que aún no han sido legitimadas, y por lo tanto, produciendo nuevas y futuras formas de legitimación. (Butler, 2009: 73)”.

La arroba @ ya en desuso que fue utilizada por el feminismo más clásico que no cuestionaba el binomio hombre-mujer, la neutralidad de Richard Stallman fundador estadounidense del software libre que propuso utilizar en español la vocal “i” para neutralizar la diferencia sexual o la propuesta artística del transfeminismo que propone la X como uso neutro son licencias creativas para resignificar el género.

La “particular máxima” que Lacan aisló lleva a la lógica del no-todo, a la excepción, a la pluralidad de identidades, al género fluido, al genderqueer que adquieren la dimensión de enunciados performativos.

Finalizamos con una cita de Lacan del año 1953 que se lee en Escritos 1 “Mejor que renuncie quien no pueda unir su horizonte a la subjetividad de la época”. Se trataría de contemplar la subjetividad de la época como un horizonte para no confundirla con el sujeto. Cada época conlleva una noción de generalidad, de género, de articulación universal/particular, de rasgos que la conforman mientras que el sujeto (y no la subjetividad), la atraviesa desde su singularidad, se sustrae a la distribución universal/particular, época/subjetividad. Se trataría de buscar esa franja que no pertenezca ni al género ni a la subjetividad, un territorio intermedio que Leo Spitzer encuentra entre la lingüística y la historia literaria.

Helena Valldeperes

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